The Old Times - Los Viejos Tiempos

 

LA GUERRA QUÍMICA

Algunas enseñanzas que la Primera Guerra Mundial Europea (1914 - 1918 ) ha dejado en la memoria de todos los Gobiernos .

LA PREPARACIÓN ES LA MEJOR PREVENCIÓN DE LA GUERRA

Un examen minucioso del papel que representaron los productos químicos en la Guerra Europea de (1914 - 1918) será no sólo interesante, sino también una agradable narración, por la que se conocerán métodos nuevos en ese momento y detalles atractivos para adaptar la ciencia moderna a los medios de producir la ruina de los pueblos y esparcir el dolor y la muerte.

Es la descripción de cuanto pudo hacerse con rapidez sorprendente para suministrar a los ejércitos combatientes productos químicos, como los gases asfixiantes, aquellos que producían lágrimas y las variedades que obligaban a estornudar, como los gases tóxicos, líquidos inflamables, etc., y del esfuerzo colosal llevado a cabo por los químicos de los países aliados para descubrir los medios de disminuir o impedir los efectos de ese novedoso y espantoso método de ataque usado por el ejército alemán en dicha guerra, así como el éxito de los servicios diversos de los suministros militares en los Estados Unidos y el extranjero, acertando a castigar al que en esa guerra constituyó el enemigo con sus mismos procedimientos.

Foto de una nube de humo tóxico producido por 500 antorchas en el frente de batalla durante la primera guerra mundial en Europa . Las antorchas estaban colocadas en cinco líneas paralelas , de dos en dos metros , y cada línea tenía 100 antorchas , con un frente de 100 metros . El tiempo total de emisión activa fue de 23 minutos .

Los gases venenosos no se emplearon como medio de ataque por primera vez en la primera guerra mundial en Europa : 431 años antes de Cristo los espartanos saturaban la madera con pez y azufre, quemándola para asfixiar al enemigo. Más tarde emplearon también flechas incendiarias, y los griegos utilizaron productos diversos químicos para incendiar y disparar . Durante la guerra civil en Norte?América se emplearon los humos producidos al quemar el azufre para que el viento los llevase en dirección del bando contrario. Como se ve, la aplicación no es nueva, y su marcha progresiva siguió el mismo paso que el avance en las investigaciones químicas y los perfeccionamientos técnicos en otros suministros militares en armonía con los tiempos. El término "gas", en cuanto a suministros militares se refiere, quiere decir materiales que causan daño cuando se mezclan con el aire y se envían contra el enemigo. El término indica su condición, original y puesto que además pueden encerrarse dentro de las granadas, bombas o cilindros. En cada caso, los gases son en realidad líquidos o sólidos que al romperse el depósito o artificio que los contiene se volatilizan o se generan debido a la presión o fuerza explosiva. Son generalmente de tres clases: persistentes, no persistentes e irritantes. Otro importante grupo empleado con fines militares lo forman los llamados humos los cuales pueden ser venenosos o simplemente utilizarse sólo para ocultar al enemigo los movimientos de las tropas.

Los gases venenosos se emplearon por primera vez en la guerra en Europa el 23 de abril de 1915 , utilizando los alemanes el cloro (gas "oximuriático") contra las líneas francesas e inglesas en el saliente de Yprés .

Eqipo completo protector de la caballería, compuesto de máscara , traje , guantes y botas para el hombre , y saco y cuiertas de los cascos protectores para el caballo .

Un desertor había dado a conocer las intenciones del enemigo; pero no creyendo los aliados que Alemania violase las reglas establecidas en La Haya, no dieron importancia a este aviso, y, por tanto, no se tomaron serias medidas de protección contra ellos. He aquí cómo describe los resultados Atild en su obra "Gas y llama":
"Imaginaos, sí es posible, la situación y estado de ánimo de aquellas tropas, al ver una extensa nube de ceniciento gas amarillo brotando del suelo y arrastrándose, empujado por el viento hacia ellos; los vapores quemaban la tierra, introduciéndose por las grietas y huecos, llenando los agujeros hechos por las granadas y las trincheras según iba acercándose. Al principio, el asombro; después, el miedo, y por último, cuando las primeras capas de la nube envolvieron y dejaron a los hombres sin aliento y agonizantes, el pánico. Los que podían moverse huyeron, aunque en general en vano, pues la despiadada nube los seguía y alcanzaba."

Perfeccionamientos progresivos desde la primera máscara de algodón empapado .

Aunque era desconocida la naturaleza de los primeros gases, fueron fácilmente analizados y reconocido el cloro, un cuerpo simple que contiene la sal común. Las autoridades militares consultaron entonces con los químicos, ideándose caretas o máscaras formadas de algodón en rama o almohadillas empapadas en varias soluciones, que, sujetas frente a la nariz y la boca, protegían en cierta medida en el campo. En este tipo primitivo están basados todos los modelos hasta llegar al último y más eficaz. La parte esencial de la careta era la cestilla metálica donde se colocaban los preparados químicos capaces de absorber los varios tipos de gases mezclados con el aire respirado por los soldados. Los granos de estos ingredientes tenían que presentar superficie absorbente apropiada, sin ofrecer demasiada resistencia o impedir la respiración, así. como también era preciso tener en cuenta su tendencia a coagularse o endurecerse y sobre todo su eficacia.

Exterior e interior de la máscara norteamericana Tissot .
Con la introducción de los nuevos gases, especialmente los lacrimosos, hubo necesidad de modificar los absorbentes tanto en su naturaleza como en la manera de aplicarlos, en vista de que los varios químicos se formaban de partículas imperceptibles en el aire, lo que requería el uso de potentes microscopios para determinar su naturaleza física y buscar dispositivos eficaces, para detenerlas en la cestilla. Se hicieron primero de algodón, después de fieltro, evitándose así que penetrasen estos vapores y humos dentro de la máscara. Fueron consultados fisiólogos para estudiar las formas más apropiadas, de manera que ajustase la cestilla a las líneas de la cara v tan cerca de ella como fuese necesario para evitar posibles accidentes. Se llevaron a efecto diversos ensayos, teniéndola colocada los hombres mientras hacían diferentes trabajos para determinar los efectos y su eficacia durante la lucha. Se vio la necesidad de suprimir las piezas de la boca y de asegurarla en la nariz , características de los primeros tipos, con objeto de aumentar su comodidad, puesto que el soldado tenía que llevar puesta la careta muchas veces durante horas y horas. Fue también necesario estudiar la manera de que toda máscara, su soporte, esqueleto o cestilla, las piezas diversas y tubo de goma, fuesen impermeables a los gases, pues cualquier pequeña avería podía dar fácilmente lugar a consecuencias fatales. Al principio se utilizaron preparaciones especiales para evitar se empañasen las piezas frente a los ojos y a causa de la respiración; pero más tarde se encontró el medio conveniente para hacer salir el aire directamente a través de estas mismas piezas oculares, como puede verse en la máscara Tissot.

La terrible historia de la guerra de exterminio por medio de los gases .

Había, además, que resolver el problema de fabricar las mascaras de modo que pudieran colocarse rápidamente a la menor alarma. Aunque parezca extraño, a pesar de que los soldados conocían perfectamente la peligrosa naturaleza de los gases utilizados contra ellos y la necesidad, por tanto, de evitar respirarlos y colocarse la máscara, fue una de las más difíciles tareas de los oficiales encargados de este servicio enseñarles cómo habían de ajustar estos aparatos y el conseguir los conservaran puestos en las ocasiones precisas. Sólo cuando se castigó duramente por las faltas de cumplimiento a las instrucciones recibidas respecto a este particular, se pudo alcanzar algún resultado.
Después del primer ataque, en abril, los alemanes no emplearon gases durante el verano y otoño de 1915 lo que permitió, afortunadamente, a los aliados estudiar los métodos de defensa antes del otro ataque, en 19 de diciembre de 1915 , con nuevo gas, cuya acción, particularmente engañosa, era debida al hecho de que cualquier persona atacada débilmente por él, y en apariencia libre de peligro, al moverse poco después sentía sus efectos, que por veces fueron mortales. Aunque el ataque duró sólo una hora, fue preciso usar las máscaras por algún tiempo después, en vista de la persistencia del gas a permanecer en las zanjas y trincheras.

La disciplina en general fue en extremo buena, y los casos, notablemente pocos, y éstos acaecidos principalmente por no observar las indicaciones dadas para tomar las medidas defensivas necesarias.

Este segundo ataque fue particularmente importante, porque dio a conocer muchos principios en que se basó en lo futuro el empleo de los gases: primero, el aumento de concentración, reduciendo consiguientemente el tiempo empleado en el ataque; segundo, utilización de nueva sustancia, el fosfógeno, y tercero, el elemento de sorpresa. Este último se efectuó preparando el ataque en la semioscuridad del amanecer, cuando los aliados estaban menos preparados y en la hora que mejor satisfacían las condiciones del viento. A no ser por el silbido producido al salir los gases de los depósitos cilíndricos y el olor, hubiera sido cosa imposible darse cuenta del gas. Desde esta época, prácticamente todos los ataques con gas se hicieron de noche.

Se emplearon evidentemente algunos gases encerrados en granadas en los dos fuertes ataques de 1915. La presencia del bromuro de jilito (producto de la destilación de la madera) fue descubierta por este tiempo. Esta sustancia produce un copioso lagrimeo, aunque se presente en tan pequeña proporción como una parte en volumen por un millón de aire. No tiene acción permanente, sirviendo tan sólo para poner fuera de combate durante algún tiempo a los hombres. En 1916 los alemanes utilizaron también otro gas lagrimoso y varios más venenosos, con los que aumentaron el número de heridos, accidentes y muertos. Los aliados comenzaron a comprobar la extensión del plan enemigo en el empleo de los gases asfixiantes, y dieron un marcado ímpetu a las medidas protectoras contra dichos gases.

Golpe de una bomba de fósforo blanco contra la torre blindada de un acorazado .
Bomba de fósforo blanco estallando en la base de una torre de 40 metros de altura .
           

El año 1916 fue el de mayor actividad por parte de los alemanes en el empleo de gases; se hicieron cinco grandes ataques contra los ingleses y muchos otros contra Francia y Rusia .Se caracterizaron estos ataques por el empleo de gases más concentrados y mayores cantidades del venenoso fosgeno ( oxicloruro de carbono). La nueva táctica consistió en ocultar por todos los medios posibles los preparativos previos, la utilización de nubes de humo para desviar la atención y el lanzamiento de los gases a intervalos variables. Esto último fue en realidad tristemente eficaz, pues la segunda emisión, después de la calma que seguía a la primera nube, encontraba desprevenidos a los hombres.

En agosto de 1916 se verificó el último ataque contra los ingleses con gases asfixiantes. Aquí se lanzó una espesa nube de fosgeno durante el momento de relevo y cuando era prácticamente doble el número de hombres en las trincheras. Fue tan fuerte, que se precisaron las máscaras contra los gases nueve millas a retaguardia del punto donde se descargaron. El empleo se abandonó a causa del limitado número de gases que podían ser utilizados, y también por el reducido numero de cilindros para lanzarlos a la vez, la dificultad de efectuar los ataques por sorpresa, debida a los trabajos y tiempo que se precisaban en los preparativos, y, finalmente, por los accidentes ocasionados a los mismos que los utilizaban.

El empleo de granadas cargadas de gas aumentó rápidamente, debido a que no hay limitaciones en cuanto se relaciona con la cantidad de proyectiles lanzados y gases utilizados. También con ellos es mucho más fácil alcanzar el campo enemigo. Se tomaron cuidadosas medidas para evitar excesivas bajas en las trincheras, donde era evidente la persistente naturaleza de ciertos gases; se establecieron también cubiertas protectoras, sistemas especiales de alarma, rapidez en la colocación de las máscaras (seis segundos) y, métodos eficaces para hacer desaparecer los gases.

Un ataque extraordinario se llevó a efecto en Arras, por el mes de diciembre de 1916. Enormes cantidades de granadas cayeron en los alrededores, saturando los pisos y muros de las casas. Como era muy intenso el frío, se evaporaron los gases lentamente. Al siguiente día, cuando aparentemente habían desaparecido, muchos soldados se quitaron las máscaras; pero debido a un aumento de la evaporación al subir la temperatura atmosférica en las horas de sol, fue muy grande el número de atacados.

La utilización de la mostaza ( sulfocianato de alilo ) para producir gases ha sido evidentemente el más sencillo, pero también el mayor perfeccionamiento en la preparación de estas substancias para los suministros militares en la gran lucha, originando un cambio radical en las deas que se tenían desde el principio, pues se creyó que la eficacia de estos productos dependía de la mayor o menor presión del vapor o, en otras palabras, de su mayor tendencia a extenderse. El gas de la mostaza es realmente un líquido, cuyo punto de ebullición es de 220 grados centígrados y tiene una presión de vapor muy baja. Es, sin embargo, bastante persistente, teniendo la propiedad peculiar de formar vejigas en la piel y cuando los vapores presentan su concentración máxima, las quemaduras requieren mucho tiempo para su curación. No fue, a pesar de esto, el más eficaz ni mortífero de los gases empleados en la guerra. En Nieuport se dispararon mas de 50.000 granadas en una sola noche, inundando prácticamente la ciudad. Se calculó que en el otoño de 1917 los alemanes lanzaron más de un millón de granadas conteniendo aproximadamente 2.500 toneladas de este gas Una gran parte de este mismo año lo emplearon los aliados en estudiar varias disposiciones destinadas para proteger a las tropas contra sus efectos, y suministrando nuevas telas especiales, guantes botas y diferentes ungüentos.

La " lewisita " es un derivado de¡ arsénico, otro tóxico muy enérgico que se descubrió al estudiar el gas de la mostaza , es un fuerte y tenaz vejigatorio, y aunque menos persistente que el gas anterior , actúa en cantidades muy pequeñas .Se dice que después de la guerra, tanto los alemanes como los japoneses habían mejorado extraordinariamente esta sustancia.

Otra materia de gran valor táctico fue la que obligaba a los atacados a estornudar , era la " onifenolelorina ", un sólido que pulverizado en partículas diminutas se esparcía al estallar las granadas. Sencillas " humaradas " desde las inofensivas a las que producían los olores más desagradables, también se emplearon extensamente .
Se desconfiaba tanto de ellos, que obligaban a colocarse las máscaras, y desde luego pueden ser líquidos o mezclados con substancias tóxicas y producir unas cuantas bajas.
En el comienzo de la guerra dieron un gran resultado algunos tipos de materias incendiarias. Los alemanes producían el líquido inflamable en un depósito portátil dividido en dos compartimientos uno de ellos lleno de nitrógeno comprimido y el otro de petróleo. Pronto fue descartado este aparato, pues su acción se reducía sólo a distancias de 22 a 27 metros. La llama se enroscaba hacia la parte superior, siendo posible defenderse de ella en las mismas trincheras, y como la acción duraba aproximadamente un minuto, los lanzafuegos quedaban a merced del enemigo.

La Ciencia, al servicio de la Guerra, combatió también, en una encarnizada competencia, por producir gases destructores

Para resolver los problemas que se presentaban en todos estos casos fue necesario introducir grandes cambios en las diversas organizaciones encargadas del suministro militar. Los Estados Unidos se obligaron desde él principio de la guerra a estudiar, de acuerdo con los aliados, estos delicados asuntos; y con los datos que pudo adquirir evitó muchos errores y fracasos durante las diferentes fases en el desenvolvimiento de las industrias establecidas para el referido suministro , pero muy principalmente a lo relacionado con los gases. Fueron, además, establecidos por Francia, Inglaterra y los mismos Estados Unidos, servicios especiales en la línea de fuego y retaguardia, donde, as¡ como en los laboratorios , trabajaban afanosamente químicos de todos los países, tratando de resolver cuanto problemas se presentaban en tan complicado suministro militar . A éstos auxiliaban también diversas otras personas, entidades , fabricantes y muchas universidades.

Tan pronto como se sospechaba que había sido empleado un nuevo gas por el enemigo, los centinelas especiales que tenía este servicio recogían las granadas sin explotar, enviándolas a las secciones correspondientes al Cuerpo Especial de Campaña, donde se analizaba su contenido. En seguida se comprobaba su acción con las máscaras en uso, y en lo posible se trataba de resolver los problemas que iban apareciendo, siempre lo más cerca del mismo campo de batalla; pero a causa del reducido número de químicos expertos en campaña, muchos de estos problemas tuvieron que solucionarse dentro de cada país. Fue necesario instalar un aparato especial para recoger el aire cargado de gases, determinando así la cantidad de volumen en otro gas previamente preparado en el laboratorio y de conocido grado de pureza También fue preciso buscar nuevos métodos rápidos para analizar la cantidad de gas contenida en determinado volumen de aire.

Ensayos, aun sobre hombres, para combatir los efectos de los gases asfixiantes y
hallar el medio de neutralizarlos .

El llamado "tubo de ensayo" indicaba la relativa eficacia de los diferentes absorbentes capaces de retener los nuevos gases . Este consistía principalmente en un tubo por donde se hacía pasar determinada cantidad de gas, forzándole a través de un absorbente conocido y analizando el aire a la salida, en diferentes momentos, y anotando aquel en que se notaban los primeros indicios de que el gas había penetrado el absorbente ensayado .También se experimentaron con las cestillas metálicas, empleando una máquina apropiada, y en la misma forma que los efectuados con el tubo anterior; pero utilizando mayores cantidades de absorbente, colocado en la canastilla, y de la misma manera que había de usarse. Para comprobar mejor estos medios de defensa contra los nuevos gases, se estudiaron dispositivos especiales para poder ensayar los efectos en los hombres mismos, y el tiempo que podía utilizar la máscara sin encontrar trazas del paso de los gases a través de ella. Con este objeto se colocaban las mascarillas o cascos, y los gases concentrados salían de un depósito, determinándose el momento de penetrabilidad por los efectos irritantes causados. Cuando había sido fijada la concentración de los gases que podía producir efectos tóxicos, la Sanidad Militar la comparaba con las probables concentraciones y en las condiciones que podía calcularse aparecían en los diferentes puntos de la línea de fuego, así como la mayor o menor eficacia de los gases que en cada caso podían también llegar. Si los gases eran lacrimosos o de la variedad que hacían estornudar, se comprobaba la sensibilidad de los soldados, a quienes también se sometía a un reconocimiento escrupuloso y pruebas de resistencia contra los gases, retirando de los puntos más expuestos a aquellos que por sus condiciones físicas hubieran perecido seguramente. Se llevaron a efecto también considerables trabajos relacionados con la acción de determinados gases sobre la piel.
De la misma manera que el cirujano llegó a un grado de perfección extraordinario en la curación de los soldados heridos por los altos explosivos, así también, en esta nueva técnica, fue posible estudiar con éxito e inventar medios de protección para los hombres contra los gases, devolviéndoles la salud, tan completamente como era posible, cuando habían sido atacados por ellos.

Sería interesante dar a conocer, aunque no sea más que muy rápidamente, los perfeccionamientos conseguidos por la sección encargada de suministrar los productos químicos al ejercito. En el arsenal de Edgewood, construido en nueve meses en Maryland, donde en la época de la guerra había más de 7.000 militares Y 3.000 paisanos empleados, se preparó una enorme cantidad de materias tóxicas. En total, fueron producidos más de 10 millones de kilogramos de tóxicos, de los cuales 4.250.000 se embarcaron. Al finalizar la guerra, los Estados Unidos tenían una capacidad productora mayor que Inglaterra, Francia y Alemania reunidas, y en la sección correspondiente a defensas y protecciones fabricaron unas 5.700.000 máscaras, de las cuales 4.139.000 se enviaron por mar al frente.

Verdaderamente la guerra es una tremenda desdicha; pero pensando que todavía y por largo tiempo será la manera de dirimir sus diferencias los pueblos, éstos deben estar preparados para luchar y atacar en todas formas. La preparación es el mejor medio de prevenirse . Indudablemente los suministros militares de productos químicos quedaron estacionados, debido a la falta de información definida con esta relativamente nueva rama, que, como continuamente se repite, es la más inicua, inhumana y bárbara manera de llevar la guerra.

Las estadísticas demuestran el error y falsedad de tales razones y relatos. Hablando en público contra el empleo de gases en la guerra un alto oficial, describía, lamentándose, cómo había visto recoger, en los distritos próximos a la línea de fuego en Francia, niños enfermos agonizando por efecto de los gases, inocentes criaturas que nada tenían que
ver con el terrible juego de la guerra. Pero nadie se dolió en aquella ocasión de los efectos que producían los disparos de la artillería, ni recordó el caso de aquel cañón de gran calibre que pudo lanzar una granada dentro de las murallas de París, y al estallar, en Viernes Santo, en una iglesia, mató a cientos de mujeres y niños que rezaban arrodillados. Es espantoso pensar que en el puesto número 108 , cerca de Reims, quedaron sepultados vivos más de 10.000 hombres a causa de tres voladuras en una mina . Nadie propone ni quiere, sin embargo, el abandono de esta aplicación de los explosivos.

Los terribles resultados de los primeros ataques alemanes por medio de gases fueron debidos únicamente a la falta absoluta de medios preventivos por parte de los aliados. Los efectos producidos por ellos son mucho menores cuando ambos combatientes están igualmente preparados para el ataque y defensa.

Las estadísticas de la entonces unidad Sanidad Militar de los Estados Unidos mostraban que de los soldados atacados por los gases perecieron sólo el 2 por 100, mientras que la mortalidad por otras causas pasó del 25 por 100. El número de incurables por haber respirado gases tóxicos fue muy pequeño, y debe hacerse notar que los gases se utilizaban principalmente para producir bajas temporales en el enemigo y reducir su potencia combatiente.


Custom Search

 

 

 


Todos los deportes están en mercadolibre.com