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Diferentes velocidades
de los cuerpos
El agua, saliendo de una tobera
bajo una presión producida por 30 metros de desnivel,
lleva una velocidad análoga a la de un tren expreso
(considerando máquinas de vapor de los años
'30 ) , mientras que el vapor, circulando a lo largo de un
tubo desde la caldera a la máquina, tiene una velocidad
doble de la del tren expreso. Un dardo lanzado desde un avión
desde 1.600 metros de altura tiene, en el momento en que choca
con la tierra, una velocidad de unos 10 kilómetros
por minuto; pero ésta a su vez viene siendo la mitad
de la de las ondas sonoras propagándose a través
de la atmósfera. La escopeta ordinaria de caza comunica
a la bala una velocidad de dos veces y media aproximadamente
la de una onda sonora, o una y dos tercios la de un punto
del Ecuador de la tierra debida a su rotación diurna
. La mayor velocidad obtenida por un fusil alemán (Mannlicher
) es un 50 por 100 mayor que ésta, ó 72 kilómetros
por minuto. La mayor velocidad alcanzada por un fusil en los
años '30 ha sido la desarrollada por uno canadiense
(Ross), que llegó a 77 kilómetros por minuto.
Estos dos valores no se obtienen, sin embargo, bajo las condiciones
ordinarias.
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Si el vapor de una caldera a 17,57
kilogramos de presión sufre una expansión a través
de una tobera de turbina, descendiendo a la presión de una
libra, desarrolla en la corta distancia de unos pocos centímetros
(la longitud de la tobera) tanta velocidad como la de la bala del
fusil Ross, o sea 77 kilómetros por minuto. Algunas calderas
se proyectan hoy para producir vapor, recalentado varios grados,
a una presión de 42,18 kilogramos. Admitiendo que a este
vapor, a una temperatura de 329 grados centígrados, se le
permita una expansión hasta descender a una presión
de una libra, el chorro, al salir de la tobera, tendría,
despreciando las pérdidas por rozamiento, una velocidad de
unos 85,50 kilómetros por minuto. Esta era la mayor velocidad
alcanzada por cuerpos cuyos movimientos estaban hasta cierto punto
dirigidos por el hombre en aquellos años , pero que en la
actualidad fue ampliamente superada .
La manera de calcular la velocidad
de un chorro de vapor es muy semejante a la empleada para calcular
la velocidad de un chorro de agua, y los fenómenos fundamentales
pueden ser comprendidos en ambos casos, aun cuando los cálculos
que hay que hacer requieran un considerable conocimiento de física
y de matemáticas.
ejemplo más sencillo del
movimiento de salida de los fluidos es el del agua marchándose
por un orificio practicado en el fondo de un depósito. Aquí
el agua está obligada a salir por el peso del líquido
sostenido en el depósito, y, como puede probarse fácilmente,
si no hubiese pérdidas por rozamiento la velocidad del chorro
de agua sería exactamente la misma que la de un cuerpo cayendo
libremente a través de la misma distancia. En este caso no
hay una expansión apreciable del agua; así que su
movimiento de avance se debe solamente al empuje del agua de encima;
es decir, a la presión debida a la diferencia de nivel sobre
el orificio. En el caso del escape del vapor, el aire comprimido
o cualquier otro fluido expansivo, el flujo se debe no tan sólo
al empuje del gas que hay detrás del orificio, sino también
a la expansión del gas mismo, pues sus moléculas se
separan unas de otras durante su marcha a través del orificio.
Por tanto, la velocidad de un chorro de vapor no puede ser calculada
tan fácilmente como la de un chorro de agua, a causa de que
la energía que lo engendra no es solamente la atracción
de la Tierra, que hace marchar el agua hacia adelante, sino que
se debe a la presión del fluido, más la energía
interna liberada por la sustancia misma en su expansión.
Si tomarnos, por tanto, la suma de estas dos energías, la
debida al trabajo producido por el fluido que hay detrás
de la porción móvil, más la energía
debida a su estado de actividad molecular , y llamarnos a su suma
la energía total, entonces la ecuación de la velocidad
del chorro tiene la misma forma general que en el caso del agua.
Así, para el agua,

donde (h1 - h2) , es el decrecimiento
en la fuerza gravitatoria conforme el agua se mueve más próxima
al centro de la Tierra. Del mismo modo, la velocidad de un chorro
de vapor o aire puede ser calculada por la fórmula

donde (i1 - i2) representa el decrecimiento de la energía
total aprovechable en el movimiento de este fluido.Existen gráficos
y tablas que les permiten leer directamente los valores de la energía
total del vapor para cualesquiera condiciones determinadas.
Las grandes diferencias de velocidad
en los chorros de agua y de vapor motivan, como es natural, diferencias
correspondientes en el tipo de turbinas actuadas por tales chorros.
La teoría de las turbinas enseña que la velocidad
de las paletas sobre las que choca el chorro debe ser algo menor
que la velocidad del chorro mismo. En el caso de las turbinas hidráulicas,
esto da para la circunferencia de la rueda una velocidad muy moderada;
pero en el caso de. las turbinas de vapor puede significar que los
alabes del órgano giratorio marchen a velocidades de 152
ó 304 metros por segundo; de modo que se necesita tener gran
cuidado en el trazado de la máquina y en la elección
de los materiales para evitar roturas con velocidades angulares
tan elevadas.
La energía poseída
por un cuerpo en movimiento se calcula fácilmente por la
ecuación :

que basta multiplicar por 0,3048
para obtener la velocidad en metros por segundo.
Así, un kilogramo de vapor moviéndose a 6oo metros
por segundo posee una cantidad de energía igual a 4.000 kilográmetros.
La energía contenida en un chorro de vapor moviéndole
rápidamente puede utilizarse en producir trabajo siempre
que se haga chocar el chorro contra algún cuerpo móvil,
tal como la rueda de una turbina, o una corriente de agua en un
inyector, o vapor a baja temperatura aspirado por un condensador.
En todos los casos el chorro de vapor retrasa su marcha, perdiendo,
por tanto, parte de su energía cinética, que es transmitida
al cuerpo contra el cual choca.
La acción de un chorro
de vapor
Un ejemplo, de la utilización
de un chorro de vapor para impulsar una corriente de agua lo tenemos
en la acción del inyector de vapor empleado ordinariamente
para introducir agua de alimentación en las calderas. En
estos instrumentos el vapor pasa a través de una tobera,
dispuesta para permitirle alcanzar una velocidad extraordinariamente
elevada y situada de tal modo que el chorro saliente de vapor entre
directamente en medio de un cono de agua, suministrado por una bomba
aspirante. Como el chorro rápido de vapor y el lento cono
de agua van marchando en la misma dirección, el resultado
del encuentro es que el vapor se retrasa y el agua se acelera, produciéndose
con la mezcla del vapor y el agua fría una corriente de agua
caliente que marcha con una velocidad intermedia. Esta velocidad
es suficiente para vencer una presión mayor que la correspondiente
a la de la caldera de donde se ha tomado el vapor o a una presión
mucho más elevada. A primera vista esto parece imposible,
pues se inclina uno a pensar que el agua caliente debía circular
con una velocidad igual a la del vapor. Pero debe tenerse en cuenta
que el agua, si no se vaporiza parcialmente, aumentando así
de volumen, deberá marchar solamente con una velocidad igual
a la producida por una diferencia de nivel que originase tanta presión
como la del vapor en la caldera, mientras que el vapor que sale
de ésta bajo el ímpetu de la presión que en
ella existe adquiere una velocidad adicional debida a la utilización
de su propia energía interna en su expansión a través
de la tobera que hay dentro del inyector. El chorro de vapor tiene
así una velocidad muchas veces mayor que la que poseería
un chorro de agua caliente saliendo de la misma caldera bajo la
acción de la presión solamente. Un kilogramo de vapor
posee energía bastante para llevar consigo 10 o 15 kilogramos
de agua fría dentro de la caldera, variando naturalmente
la cantidad de agua con la cantidad de energía cinética
poseída por el
vapor.
Cómo actúa el
calor en la caldera
Naturalmente, el vapor que sale de
una caldera no puede obligarse a sí mismo a retroceder como
tal vapor, pues entonces la cantidad de trabajo exigida para obligarle
a retroceder desde la baja presión a la alta, y bajo la expansión
que ha tenido lugar en la tobera, sería igual a la desarrollada
en ésta, aun suponiendo que no hubiese pérdidas por
rozamiento. La única manera con que el vapor puede hacerse,
retroceder a sí mismo e introducirse en la caldera es disminuyendo
la cantidad de trabajo necesario para este proceso, y esto se cumple
automáticamente cuando el vapor se condensa al mezclarse
con el agua en el inyector, disminuyendo así el volumen que
ha de ser forzado a retroceder hacia la caldera.
La acción del calor utilizando
su energía interna en su expansión puede ser comparada
con la de un gran número de resortes comprimidos apilados
unos sobre otros, cuando se hace desaparecer la fuerza de contención.
Así, si suponemos que se desatan las ligaduras que mantienen
comprimido el resorte superior, éste se movería hacia
arriba súbitamente y levantaría un peso que hubiera
sobre él. Si lo que suponemos es que las ligaduras que comprimen
a todos los resortes se desatan simultáneamente, entonces
cualquier resorte de la pila se movería hacia arriba, no
solamente a causa de su propia expansión, sino también
por la expansión de los resortes que hay bajo él.
Cada resorte, al ser levantado, recibirá el trabajo de aquellos
que están bajo él, y a su vez ayudará a levantar
a los resortes que están sobre él no solamente con
este trabajo, sino también con su propia expansión.
La acción del vapor en su
expansión a través de una abertura es en cierto sentido
semejante. Si se abre un orificio en el costado de una caldera,
todo el vapor de ésta empezará a correr hacia allí;
el vapor más alejado se moverá lentamente; el más
cercano a la abertura, con una velocidad siempre creciente, debido
no tan sólo al empuje del vapor que hay detrás de
él , sino también a su propia expansión. El
vapor en la abertura será empujado hacia adelante muy rápidamente
por la expansión general del vapor que hay tras él;
y a causa de esto, junto con el efecto producido por su propio aumento
rápido de volumen, debido al decrecimiento de la presión
a que está sujeto, entrará finalmente en la atmósfera
con una velocidad muy elevada.
Otra analogía puede servirnos
para aclarar la manera de obrar de este chorro de vapor. A la terminación
de un juego de pelota, los espectadores convergen lentamente, desde
todas las partes del campo, hacia la puerta de salida; cada individuo
empujando a otro e interfiriendo con el movimiento lateral de otros,
pero adquiriendo gradualmente mas rápido movimiento hacia
adelante, hasta que conforme pasan a través de la puerta
se separan (expansión puede
llamarse a esto ) y la multitud se desparrama, muchos corriendo
aun para escapar de la presión de los que vienen detrás.
Si la abertura a través de la cual pasa el vapor está
hecha con una porción convergente dirigida hacia la sección
de entrada y una porción abocinada hacia fuera del orificio,
entonces el paso de una corriente de moléculas de vapor a
través de una tobera así es algo análogo a
esto que acabarnos de decir. Debido a la sección estrechada
de la tobera las moléculas se empujan unas a otras conforme
pasan por el área reducida del agujero, y en cierta extensión
se impiden mutuamente movimientos laterales. Las moléculas
prosiguen luego separándose, el volumen del gas aumenta y
toda la masa se acelera con una velocidad rápidamente creciente
conforme progresa a lo largo de la tobera.
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