Aun no se hace cargo completamente
el hombre de la enorme fuerza que puede producir el viento y que
se desperdicia ante él. Si es un habitante de las grandes
ciudades, pasa la mayor parte de su vida encerrado entre paredes,
y en sus cortos paseos diarios está siempre abrigado de él
por los altos edificios. En el campo, las casas se construyen. en
las partes bajas del terreno, no en las alturas, y además
los campos, huertos y jardines se protegen con hileras de árboles
o con muros contra la fuerza del viento y los temporales. Así,
las condiciones en que vivimos tienden a substraernos a la fuerza
natural del aire en movimiento. Lo notamos cuando adquiere la velocidad
de un tren expreso; pero no nos hacemos cargo de que la sutil y
constante corriente de aire que apenas percibimos es capaz de utilizarse
como fuerza motriz seis mil ciento ochenta y siete horas, de las
ocho mil setecientas sesenta que tiene el año. Durante un
largo período de tiempo puede calcularse que el 65 al 70
por 100 de los días el viento se mueve sobre nosotros a razón
de 16 kilómetros por hora. Esta era antes la velocidad menor
capaz de mover un molino de aspas; pero con los estudios realizados
hasta ahora , puede transformarse la fuerza producida por el viento
en luz o hacer un trabajo mecánico cualquiera estableciendo
un motor impulsado por viento . Hace doscientos años, la fuerza
motriz que empleaba la agricultura en todo el mundo era producida
por el agua y el viento y mientras abundaba la primera, se empleaba
principalmente en moler el grano , aserrar madera y elevar agua
sin que fuesen apenas utilizados los molinos de viento. Pero en
Inglaterra, donde puede decirse que no existe fuerza hidráulica
de importancia, todo este trabajo de molinería, batanado,
serrería y agotamientos, se llevaba a cabo aprovechando la
fuerza del viento. Es verdaderamente digna de mencionarse
la extraordinaria manera que tuvieron los holandeses de utilizar
tan sabiamente, la fuerza del viento. Por medio de molinos perfeccionados
lograron que una parte del país se viese libre de las invasiones
del mar. Toda la parte oeste de Holanda tiene un nivel inferior
al del mar, que se ha ganado penosamente y conservado con gran trabajo
estableciendo numerosas bombas movidas por pintorescos molinos de
viento. En 1750 se introdujo un gran perfeccionamiento
en los antiguos molinos holandeses por el escocés Andrew
Meikle (1719-1811 ) que ideó un pequeño molino
auxiliar, colocado en ángulo recto con las aspas para que
pudieran girar éstas con sus velas automáticamente.
De esta manera, cuando el viento cambiaba de dirección no
era ya necesario mover el techo del molino con una palanca, como
entonces se hacía, pues el molino auxiliar hacía automáticamente
esta operación. Presentando su superficie al viento, giraba
alrededor, y, al trasladarse, movía la cubierta con él.
Se paraba cuando se presentaba de canto a la acción del aire,
y en esta posición las grandes aspas recibían completamente
la acción motriz del viento. En 1807, Sir William Cubitt
(1785 - 1841 ) introdujo también un dispositivo especial
para recoger, o rizar, las velas cuando el viento era demasiado
fuerte. Esto se consiguió construyendo las aspas del molino
de listones de madera ligados con cuerdas en forma semejante a las
persianas. Cuando se presentaban ráfagas fuertes, los listones
de madera se colocaban de canto al viento, disminuía la velocidad
y se evitaban las averías que el exceso de ésta podía
producir.
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