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Radicalmente
distinta de otras máquinas anteriores, tanto en teoría
como en construcción, fue la “Hammond”,
in ventada por James B. Hammond en 1880 - 1883 Su principio esencial
fue la rueda de tipos, consistiendo la mayor dificultad de su construcción
en la gran exactitud mecánica que se requería para
que el golpe de impresión se efectuase en el preciso momento
en que el tipo llegase al punto deseado. La ventaja de esta máquina
estaba en que cada cilindro de tipos contenía un juego completo
de éstos, que podía cambiarse rápidamente,
permitiendo emplear diferentes clases de letras y signos de escritura
en una misma máquina, lo que facilitaba su introducción
en el mundo de los negocios. La rueda se cambió por un sector
oscilante que llevaba dos series de tipos. La disposición
ideal del teclado, en relación con los caracteres colocados
en el cilindro, se sometió al público, pero no gustó,
adaptándose el teclado universal. La "Hammond"
fue la primera máquina de cilindro con tipos, y su trabajo
era uniforme, pero no era posible escribir con gran velocidad.
Una ingeniosa máquina pequeña
fue la Blickinsderfer, que se cita en este lugar porque está
basada en el mismo principio que la “Hammond”. En esta
máquina no se usaba cinta, pero la rueda, en su movimiento
hacia el punto de impresión, pasaba por un tampón,
del que tomaba la tinta. La máquina Blickinsderfer se hizo
popular a causa de su bajo precio, facilidad para transportarla
y excelente trabajo; además, el cilindro de tipos conteniendo
diferentes caracteres para distintos idiomas, podía cambiarse
con poca dificultad. Los fabricantes también trataron de
introducir un teclado especial adaptado a los caracteres de la rueda,
pero se vieron obligados a adoptar el universal.
La "Bar-Lock"
fue la que siguió a la “Caligraph”,
de Yost, con doble teclado. Pero, además, era de escritura
a la vista, que comenzaba a reclamarse; no obstante, la escritura
no era realmente visible, pues el operador se veía obligado
a inclinarse a un lado y otro y mirar por encima de las palancas
de tipos, lo que era peor que levantar el carro y ver el trabajo,
como acontecía en las máquinas de escritura oculta.
La "Smith-Premier
" lanzada al mercado hacia el año 1889, fue otra de
las máquinas de éxito que probó ser muy eficaz,
no sólo por su buen trabajo, sino también por la forma
en que se vendía. Esta máquina era de doble teclado,
es decir, una tecla por cada letra, diferenciándose de la
"Caligraph" en que las teclas, tanto mayúsculas
como minúsculas, se disponían una bajo la otra, en
la misma relativa posición. Las articulaciones de las palancas
eran robustas, lo que permitía conservar una alineación
perfecta y el cuadro de impresión podía avanzarse
cuando se quería ver la escritura, maniobra más fácil
que la de levantar el carro. Esta máquina iba provista de
una cinta reversible automáticamente y un dispositivo para
escribir en tres colores, que podían variarse por medio de
una palanca, estando además dispuesta para hacer fácil
la limpieza de las letras. Quitando la placa superior, operación
fácil, se hacía esta limpieza de todos los tipos a
la vez, mediante un cepillo circular accionado por una manivela
dispuesta debajo del llamado cestillo de tipos. Esto representaba
una gran ventaja, si se comparaba con los antiguos métodos
de levantar el carro y subir cada tipo para limpiarlos independientemente. |
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Por
entonces se realizaron numerosas tentativas para hacer visible la
escritura, y varios fabricantes trataron de conseguirlo sin resultado;
por ejemplo: la “Bar-Lock”, a que nos hemos referido,
con los movimientos del cuerpo del operador, en lugar de los de la
mano para levantar el carro; la “Hammond”, que requería
bajar la cinta para ver lo que se había escrito; la “Williams”,
de barras con tipos, que fue conocida como de movimiento de «saltamonte»,
dando una escritura visible que rápidamente se ocultaba; la
“Oliver”, inventada hacia 1893, que mostraba
los últimos diez caracteres escritos, pero que necesitaba el
retroceso del carro para ver la línea completa. Ninguno de
estos sistemas satisfacía .
Hacia 1894, Franz X. Wagner, que había seguido, como inventor,
el desarrollo y progreso de la máquina de escribir, ideó
un mecanismo por el cual las palancas porta?tipos golpeaban el rodillo,
no por la parte inferior, sino por el lado enfrente del operador,
evitando así el defecto de las primitivas máquinas,
cuya escritura resultaba oculta. Más tarde, los constructores
ocupados en buscar la escritura visible adoptaron palancas que llevaban
los tipos a la parte superior del cilindro, pero con ello creaban
complicaciones de mecanismo que también ocultaban la escritura
al mecanógrafo. La invención de Wagner no sólo
simplificó la construcción de la máquina sino
que hizo posible ver todas las letras escritas en una página,
permaneciendo todas a la vista. John T. Underwood, cuya máquina
llevó esta mejora, compró la patente e inmediatamente
la perfeccionó. La disposición de Wagner para la impresión
lateral cambió los antiguos principios y estableció
otros nuevos en la construcción de esta clase de máquinas;
pues además de dar la escritura a la vista, los tipos se colocaban
en semicírculo frente al teclado, donde todos podían
limpiarse fácilmente, con dos o tres pasadas de cepillo. Las
palancas se articulan todas en un semicírculo por medio de
cojinetes de acero que se limpian fácilmente; dan el golpe
para la impresión, siguiendo una guía ajustable, y retroceden
después, rápidamente, a su posición de reposo.
Estas palancas se desmontan de la máquina con la mayor facilidad. |
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La
visibilidad completa de la escritura, así como la importancia
de otros detalles, fueron apreciados rápidamente por el público,
y la máquina " Underwood " consiguió su
favor, obligando a que fueran modificadas las demás si pretendían
alcanzar el mismo resultado. Para comprender cómo apreció
el público esta modificación, baste decir que una
de las fábricas de la Compañía Underwood llegó
a ocupar una superficie de ocho hectáreas.
Cada innovación que se introducía
servía para mejorar el sistema y simplificar la construcción.
Esta, en las mejores fábricas, se dividía en secciones,
y el trabajo se hacía con tal exactitud que si aparecía
algún defecto, después de varios años de vendida
la máquina, podía encontrarse la causa y el individuo
responsable de ella. Una máquina de escribir fabricada en
los años ’30 estaba compuesta de un número de
piezas cuyo promedio era de 3.000, siendo numerosísimas las
operaciones mecánicas necesarias para terminarla y poder
darla al público en perfectas condiciones de trabajo. Primero
se fundía , en una pieza, el bastidor que soporta el mecanismo,
exigiéndose para esta operación obreros de gran práctica
en su oficio. Después de una limpieza completa, en la cual
se corrigen todas las imperfecciones y defectos que aparezcan, los
bastidores se llevan al taller, donde se terminan y decoran, grabando
el nombre y tipo de la máquina, haciendo toda la rotulación
con estarcidos especiales . |

La
Underwood número 5 .
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Se
numeraba cada bastidor, colocándole además una tarjeta
en la cual todos los obreros que en él trabajaban iban firmando,
detallando la operación que realizaron. Terminada la máquina
y en disposición de venta, se le grababa su número
de orden, y un número secreto, o número de fábrica,
que servía para identificarla si fuese borrado el que aparece
al exterior. Mientras el bastidor se preparaba , las piezas más
pesadas del mecanismo que soporta se iban haciendo en diversas máquinas
del taller de punzonadoras y prensas, algunas de intrincada forma,
produciéndolas en inmensas cantidades, con tal precisión
y exactitud que muchas de las piezas se ajustaban en la máquina
sin más operaciones. Algunas, tales como las palancas de
tipos, necesitaban ciertas operaciones complementarias antes de
poder colocarlas.
Es digno de observar que muchas de
las pequeñas piezas de que se compone la máquina de
escribir se producían en máquinas automáticas
, a la par del nivel de desarrollo de la tecnología de inicios
del Siglo XX , que labraban las varillas metálicas con la
misma exactitud y la aparente habilidad de un ser inteligente. Entre
las más notables de las máquinas que se empleaban
en una de estas fábricas se encuentran las que grababan los
caracteres o letras. Estos son de gran variedad y para diferentes
idiomas; se formaban exactamente en grandes cantidades y con tales
e ingeniosos movimientos que asombraban al observador. La operación
más delicada y que requería más exactitud era
la del montaje de los cojinetes de bolas de articulación
de las palancas portatipos.
Se calcula que el 98% del tiempo
invertido por el mecanógrafo al escribir se distribuye presionando
las teclas, haciendo el cambio de minúsculas a mayúsculas
y moviendo el carro para empezar una nueva línea. Estas operaciones
se hicieron luego más fáciles empleando cojinetes
de bolas. Se consideraba entonces que las máquinas que hacían
las muescas en la pieza donde articulan todas las palancas y las
que hacían las pequeñas bolas de acero endurecido,
ajustándolas con un límite de error de 0,00025 de
milímetro, eran las mas maravillosas que podían encontrarse
en la industria. |
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Se
comprenderá que una máquina compuesta de tantas y
tan complicadas piezas pequeñas no convenía ser montada
en un solo taller. A medida que se iban terminando las distintas
partes , se llevaban al almacén agrupándolas según
un plan ordenado y sistemático, de forma que pudieran darse
a los talleres de armar conforme se iban necesitando. En este armado
o montaje se precisaba una gran práctica , pero además
se disponía de dispositivos muy ingeniosos. Después
de armadas, las máquinas debían probarse cuidadosamente,
ajustarse e inspeccionarse antes de ser expedidas. Quizás
la operación más interesante que debía realizarse
con las máquinas en este estado era la de suavizar sus movimientos.
Para ello se empleaba un curioso mecanismo que obliga a cada tecla
a moverse cientos de veces antes que opere el mecanógrafo.
Tales perfeccionamientos se habían
introducido en esta clase de máquinas, que puede decirse
realizaban toda clase de trabajo de escritura, habiéndose
extendido su utilidad de manera que podía llevarse con ella
la contabilidad comercial, apareciendo en el mercado tipos de ellas
que escribían perfectamente sobre las páginas de un
libro encuadernado. La primera máquina de esta clase fue
la “Elliot y Hatch”. Al escribir, la página del
libro se aseguraba entre la placa soporte y un bastidor abierto
que sujetaba el papel suavemente, sin que se mueva. La máquina,
propiamente dicha, consistía en un bastidor, palancas de
los tipos, etc., formando un conjunto que se movía de arriba
abajo para espaciar los renglones convenientemente; llevando consigo
todo el juego de palancas, cinta, etc., que se movían lateralmente,
escribiendo sobre el libro abierto. Mucho se ha discurrido para
idear dispositivos de esta naturaleza y conseguir los resultados
propuestos, así como también se había logrado
dotar a las máquinas corrientes de mecanismos que permitiesen
hacer estados y hasta sumar, algo que en los inicios del siglo pasado
era una maravilla , facilitando de este modo su aplicación
a toda clase de cuentas y operaciones comerciales y utilizando una
máquina ordinaria para correspondencia. La máquina
«Elliot?Fisher», para contabilidad y suma, fue patentada
en 1906 como una de las primeras de su clase, siendo una modificación
de la máquina de Elliot y Hatch .
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La
máquina Elliot-Fisher para contabilidad
: Las facturas u otros documentos quedaban perféctamente
fijos y planos sobre la superfície de impresión inmóvil
.

La
máquina Underwood para contabilidad .
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La primera máquina “Underwood”
contenía ya el principio en que después se han basado
los dispositivos para hacer estados, llamados tabuladores, que tanto
facilitaron los trabajos estadísticos y de contabilidad.
En 1907 apareció la primera máquina “Remington”
con dispositivo para sumar y restar, seguida después en 1915
por otra más complicada y perfecta. Otros constructores han
presentado también máquinas semejantes, con los mismos
dispositivos y con otras ventajas. Los perfeccionamientos posteriores
de la máquina de escribir evolucionaron completamente los
sistemas, antes corrientes, en contabilidad, pues estas máquinas
ya eran capaces, además de escribir las partidas, sumarlas,
restando o descontando de éstas otras partidas. Podía
copiarse la escritura en los libros copiadores y también
obtener varias copias sueltas interponiendo papel poligráfico
o al carbón, y cuando se querían obtener numerosas
copias de un original, se aplicaba en la máquina una hoja
especial de cera, con la que se obtenía un cliché
o matriz, del cual se conseguían numerosas reproducciones
en la máquina multicopista. Esta era una forma indispensable
de despachar la numerosa correspondencia necesaria en los negocios
de la época. Entre los aparatos relacionados con la máquina
de escribir, y que facilitaban el trabajo de correspondencia, estaban
los aparatos fonográficos para dictar, con los cuales cualquier
mecanógrafo podía transcribir las cartas o comunicaciones
dictadas al aparato previamente. También en aquellos tiempos
se había tratado de construir máquinas de escribir
en las cuales el mecanismo se operase por medio de electroimanes
, cuando el operador cerraba el circuito al oprimir la tecla , lo
que dio origen posteriormente a la máquina de escribir eléctrica.
Las ventajas pretendidas eran : mayor uniformidad en la impresión,
rapidez y facilidad de manejo.
Aún existiendo sinnúmero
de detalles que diferenciaban unas de otras máquinas de escribir,
se ve que la mayoría de ellas podían dividirse en
dos clases: máquinas que tenían palancas a cuyo extremo
iban colocadas las letras que marcaban sobre el papel en un punto
común de impresión y máquinas de cilindro,
en la cual las letras se disponían alrededor de un rodillo
o sector que giraba por la acción de las teclas, hasta que
el tipo correspondiente se presentaba frente al punto preciso de
impresión. Las máquinas de la primera clase eran las
más generalizadas. Otro punto en que diferían las
máquinas era la manera de tomar la tinta; la mayoría
de ellas marcaba sobre el papel al interponerse entre éste
y la letra una cinta impregnada de tinta especial, procedimiento
que ha dado lugar a las más ingeniosas combinaciones. Habían
, sin embargo, otras máquinas en que los tipos tomaban directamente
la tinta de una almohadilla o tampón, pasando después
la impresión al papel. Podía hacerse también
una tercera división teniendo en cuenta la disposición
del teclado, pues mientras habían máquinas que tenían
una tecla para cada letra, tanto mayúsculas como minúsculas,
habían otras en que cada tecla llevaba dos o tres tipos.
En cuanto a esto, la opinión de los operadores de la época
no era unánime al apreciar los méritos de unas y otras.
Diferentes máquinas presentaban, además de los detalles
principales antes citados, mayor o menor ingeniosidad en dispositivos,
cuya finalidad era dar mayor facilidad al trabajo, más resistencia
o más facilidad para conservarla o repararla si se hacía
preciso. Muchas de las aplicaciones y de los accesorios ideados
eran aceptables, pero la mayoría sólo servía
más bien como pretexto para la publicidad , luchando con
la gran competencia que existía, mas que como conveniencia
para el operador. La escritura visible había sido aceptada
como una condición de principal importancia, pero quizás
era más importante aún la seguridad y exactitud de
la alineación; por eso no podía haber máquina
perfecta si no estaba dispuesta para que todos los caracteres caigan
sobre un mismo punto de impresión Para asegurar este resultado,
el problema mecánico de colocar en tan restringido espacio
un fuerte, rígido y, al mismo tiempo, ligero sistema de palancas
montadas sobre cojinetes seguros y bien ajustados había dado
amplio campo para la imaginación y el estudio.
De las máquinas de escribir
empleadas en Europa hacia 1920 , la mayoría era de fabricación
norteamericana, representando la mitad de la producción total
del país. Inglaterra era el mejor consumidor, siguiendo después
México, Australia y África y, finalmente, Filipinas,
las Indias inglesas, Cuba, Japón y China. El comprador mayor
de América. del Sur era Argentina, y después Chile
y Brasil .
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