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La introducción de la
máquina de coser necesitó una modificación radical
en el arte de la costura. Muchas de las primeras tentativas hechas
para coser a máquina siguieron la idea de imitar la costura
a mano, valiéndose de una aguja que hacía entrar y salir
en la tela por dedos mecánicos o dientes, pero todas estas
invenciones fracasaron. Se consideró preciso abandonar por
completo el método convencional de asegurar las telas, ideando
otros medios de unirlas más adecuados al empleo de máquinas.
En los primeros aparatos construidos se empleaban hilos sueltos, no
pudiéndose conseguir una longitud uniforme en la puntada. Pero
pronto se idearon mecanismos donde el hilo podía utilizarse
continuamente, devanándole en un carrete o bobina. Se idearon
dispositivos para que a cada puntada se presentase una nueva e idéntica
cantidad de hilo, y así se consiguió una costura del
todo uniforme. En la máquina de costura, la marcha del hilo
es continua del carrete a la tela, pasando por el ojo de la aguja,
mientras que en la costura a mano el hilo va fijo a la aguja. |
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Primitiva máquina de
coser de Howe
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Es evidente, por consecuencia, que
el hilo sólo puede pasarse a través de la tela, en
forma de presilla u ojal , siendo el medio más conveniente
para realizarlo emplear una aguja con el ojo cerca de su punta.
La aguja es empujada justamente lo preciso para atravesar la tela
y arrastrar al propio tiempo una longitud de hilo que forme al otro
lado una presilla, levantándose la aguja inmediatamente.
Pero, en lugar de llevar consigo el trozo de hilo que introdujo,
éste se retiene por el revés de la tela, asegurándole
con el mismo o con un segundo hilo, que se va desarrollando de una
bobina y que se llama "hilo de relleno". Otra disposición
que distingue la costura a máquina es la manera de regular
la longitud de la puntada. En la costura a mano, naturalmente, la
obra no se mueve, determinándose a ojo la longitud de la
puntada, cuyo tamaño es más o menos variable; en tanto
que, en la máquina, la tela es la que se mueve debajo de
la aguja, avanzando a impulsos absolutamente regulares, de tal manera
que, tanto la longitud de la puntada como la tensión del
hilo, son uniformes.
Aunque la invención de la
máquina de coser se atribuye a Elías Howe cuyo aparato,
patentado en 1846, contenía la mayor parte de los dispositivos
de la máquina actual, no fue sino el resultado de numerosos
ensayos realizados un siglo o más tiempo antes de dicha fecha.
La idea original fue de un inglés, Charles F. Weisenthal,
que obtuvo una patente en 1755 para un aparato que facilitaba el
procedimiento de bordar, y para perfeccionarlo se hicieron muchas
pruebas en Inglaterra, antes que los inventores americanos dirigiesen
su atención a este objeto, ocurriendo en este caso lo mismo
que en el de otras invenciones mecánicas, que son el resultado
de los esfuerzos de muchos inventores, alcanzando el éxito
los que se aprovechan de él, mientras que permanecen generalmente
ignorados los que más eficazmente cooperaron al triunfo.
La invención de Weisenthal
nunca llegó a aplicarse mucho, porque consistía en
el empleo de una aguja de dos puntas con el ojo en el centro, moviéndose
de atrás a delante, por medio de dientes colocados a los
lados.
Tomás Saint patentó,
en 1790, una máquina para costura fuerte. Era de madera en
su mayor parte, con un brazo saliente, en el cual se colocaba una
aguja vertical y una lesna, que hacía los agujeros antes.
En la parte superior del brazo tenía una canilla o carrete
que suministraba el hilo continuamente. La puntada era igual a la
del aparato de Weisenthal, llamándosela de "tambor"
o de "cadeneta". Se formaba una presilla, empujando la
aguja a través de la tela o del cuero; un segundo empuje
pasaba los hilos por esta presilla, formando otra segunda, a través
de la cual se empujaba nuevamente la aguja para formar una tercera,
apretando la primera en el tercer impulso. Esta clase de puntada
se empleó durante muchos años para facilitar el trabajo
de costuras fuertes. Parece ser que Saint no consideró práctico
su sistema para sustituir en general la costura a mano. A ésta
siguieron, en este sentido, otras invenciones de menor importancia,
pero ninguna máquina llamó la atención.
Como todas las invenciones para economizar
la mano de obra, la máquina de coser se encontró con
gran oposición. Los obreros se alarmaron a su introducción
en los oficios en que se trabajaban pieles y cueros, luchando contra
ella con todas sus fuerzas. Un sastre francés , Bartolomé
Thimmonnier, ideó una máquina de coser, también
del tipo de puntada de cadeneta, que se empleó extensamente
en la fabricación de uniformes para el ejército. La
máquina de Thimmonnier es notable por llevar sólo
una aguja con punta para atravesar la tela, estando provista de
una entalladura en la que se aloja el hilo. La presilla o puntada
se formaba por el hilo envuelto alrededor de la aguja, que le llevaba
a través del material. Este se movía hacía
adelante una cierta distancia, para permitir a la aguja descender
nuevamente. En esta disposición, las presillas formando la
cadeneta de puntadas se hacían en la parte superior del material.
| Tan bien impresionados
quedaron los amigos del inventor con esta máquina, que
adelantaron el dinero preciso para establecer una fábrica,
y la empresa tuvo tanto éxito que algunos años
más tarde trabajaban ochenta máquinas pero las
costureras y los sastres no vieron el asunto con tanto entusiasmo.
Como ocurrió cuando Hargreave construyó sus telares,
creyeron que las máquinas perjudicaban a sus medios de
vivir y procuraron destruir al enemigo común; y fue en
aquella ocasión, en la luminosa Francia, donde una multitud
descontenta de obreros manuales destruyó las máquinas
de la fábrica de Thimmonnier Sin desmayar ante esta manifestación
de antagonismo violento de la multitud, el inventor continuó
sus esfuerzos y construyó máquinas perfeccionadas,
pero no encontró apoyo financiero entre sus amigos, que,
evidentemente, temían otro motín entre los obreros,
si se trataba de restablecer los mecanismos para coser. El inventor,
desalentado, abandonó sus trabajos. |
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Ingeniosos
inventores en Estados Unidos de América habían comenzado
por aquella época a tratar de resolver los problemas de la
máquina de coser. Las ideas de la aguja con el agujero en la
punta y, el empleo del doble hilo son completamente americanas de
origen, y esta combinación fue concebida primeramente por Walter
Hunt, de Nueva York , hacia el año 1835. Los defectos de la
puntada de cadeneta y ésta constituyó la característica
más saliente de las máquinas anteriores, fueron reconocidos
bien pronto. La rotura de las presillas, en uno y otro punto, hacía
que el hilo se soltase, deshaciéndose la costura con gran facilidad.,
buscándose la forma de combinar otra puntada libre de este
defecto. Esto sólo podía conseguirse haciendo que cada
puntada quedase firme por un nudo. En otras palabras, era necesario
cerrar la puntada, y la mejora a que se debió esta solución
creó la costura "a pespunte" . |
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La primera máquina de
Wheeler & Wilson
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En la máquina de Hunt: una aguja
curva, con ojo en la punta, colocada en un brazo movible, se enhebraba
en hilo de un carrete, y penetrando en la tela, formaba una presilla por
el revés de ésta. Entonces, una lanzadera, llevando un pequeño
carrete de hilo, pasaba por en medio de la presilla, dejando cogido el
hilo, que se tensaba cuando la aguja subía. De esta manera se aseguraba
la puntada. No obstante, debido al prejuicio que aún existía
contra la máquina de coser, esta invención no se perfeccionó
ni se estudió debidamente. Hunt renunció a patentar sus
ideas, y más tarde perdió la oportunidad de hacer una fortuna.
Entonces comenzó la época
en que más dispositivos y mejoras se introdujeron en la máquina
de coser. Independientemente de Hunt y sus predecesores, Elías
Howe, nacido en Massachusetts, dedicó su atención a las
máquinas de coser en el año 1843 . En 1844 terminó
un modelo hecho de madera y alambres, y, aunque primitivo en extremo,
contenía la mayor parte de los dispositivos esenciales de la máquina
moderna, patentándola en 1846. Howe fue el primero en patentar
una máquina de pespuntear, pero su invención tenía
dos detalles esenciales, la aguja curva, con el ojo cerca de la punta,
y la lanzadera, que había sido ideada por Walter Hunt doce años
antes.
Aunque tenía muchas de las invenciones
de Hunt y de otros que estudiaron el asunto antes que él, la máquina
de Howe era tan nueva en sus combinaciones y forma en que había
sido dispuesta, que se consideró corno una nueva invención.
Además de otros detalles, tenía una placa para comprimir
la tela y un dispositivo para dar la tensión al hilo superior.
Comprendía los detalles de nuestra máquina moderna, pero
no tuvo éxito. Howe construyó algunos modelos, pero no los
vendió al principio, y cuando lo consiguió los compradores
no podían hacerla trabajar. La tensión no era uniforme,
y esto era causa de que el hilo formase presillas muy flojas en ciertas
partes de la costura, mientras que otras quedaban muy tirantes. El movimiento
del hilo era defectuoso por la falta de continuidad; la pieza que apretaba
la tela tenía que llevarse hacia atrás cuando llegaba a
su límite de avance, apretaba de nuevo la tela y volvía
a avanzar. Howe era un mecánico que tenía poco dinero, y
por sí mismo no disponía de capital suficiente para la fabricación.
Sin poder conseguir interesar a los capitalistas de los Estados Unidos,
vendió los derechos de su patente a una casa inglesa, pero su invención
era tan poco apreciada que durante algún tiempo fue ofrecida, sin
éxito, a muchos fabricantes e ingenieros importantes. Pero Howe
era un hombre de una perseverancia notable y no abandonó su querida
idea de suministrar a los Estados Unidos máquinas de coser. La
teoría de su máquina era buena, pero fracasó al aplicarla,
por no encontrar la solución mecánica propia para asegurar
el éxito comercial. El, sin embargo, debía a muchos otros
inventores la iniciativa de determinados mecanismos que completaron esta
máquina bienhechora de la Humanidad. Debe recordarse que, no obstante,
los inconvenientes que entonces se señalaban, la máquina
de Howe cose actualmente. Expuso su primer modelo en una fábrica
de Boston durante algún tiempo, y los ensayos demostraron que podía
hacer 300 puntadas por minuto, y se ofreció a hacer cualquier clase
de costura que se le exigiese, realizándolo así en una séptima
parte del tiempo empleado para hacerla a mano, por la mejor y más
rápida costurera, resultando el trabajo perfecto y sumamente fuerte.
Pero la oposición de los obreros y otras consideraciones impidieron
que las comprasen los sastres. Pronto se hicieron imitaciones de esta
máquina de coser, que se vendieron con buenos beneficios, apreciándose
las posibilidades de introducir innovaciones. Se discutieron los derechos
de Howe, pero los pleitos que se siguieron no dejaron respecto a aquellos
ninguna duda. Por eso comenzó a cobrarlos, incluso durante el pleito
seguido contra Singer, cuya sentencia se dio en 1854; pero el valor en
dinero de esta invención fue completamente aparente. En 1863 sus
derechos llegaban a 4.000 dólares por día, y se calcula
que alcanzaron en total la cifra de 2.000.000 de dólares. En la
serie de la enorme cantidad de pleitos a que dio lugar el negocio comercial
de máquinas de coser, las sentencias afirmaban, una y otra vez,
que no se había construido máquina de esta clase que no
tuviera alguno de los dispositivos esenciales de la patentada. por Howe.
Había quedado demostrada la utilidad
práctica de la máquina de coser, y a la primitiva se le
fueron introduciendo mejoras, algunas muy originales y de éxito.
Uno de los más ingeniosos inventores, y el segundo únicamente
después de Howe en esta especialidad, fue Allen B. Wilson. En 1849
ideó el sistema de enganche rotativo, combinado con la bobina (sistema
de bobina central), que constituyó la especial característica
de la máquina Wheeler y Wilson. Su patente de 1850 incluía
la invención de una barra móvil , provista de unos dientes
que, saliendo por una ranura de la placa sobre que se coloca la tela,
combinaba con otra barra de presión situada encima, marchando la
tela interpuesta entre las dos, merced a los movimientos sucesivos de
avance que imprimía la primera. En 1851 y 1852 solicitó
patentes para una mejora en este dispositivo, conocido por "avance
en cuatro tiempos" para mover la tela, así como para el enganchador
rotativo, haciendo pasar el hilo superior alrededor de una bobina que
contiene el inferior. Con ello señaló el mayor progreso
en la costura a máquina, que desde entonces puede hacerse en líneas
curvas siendo también notable por su maravillosa sencillez y perfección
mecánica, su sistema de bobina central.
Los principios esenciales de sus invenciones
se emplean en todas las máquinas actuales de enganche rotatorio
.
El avance a cuatro tiempos constituye una
de las principales mejoras introducidas en las máquinas de coser,
desde que Saint demostró que la costura a máquina era posible,
siendo un dispositivo que figura hoy en toda máquina de coser.
Bajo la placa de presión o prensa-telas y a los lados del orificio
por donde la aguja atraviesa la placa, encima de la que corre la tela,
hay una o dos pequeñas superficies con dientes inclinados oblicuamente
.Cuando se ha formado la puntada, esos dientes se levantan uno o dos milímetros
y , enganchando la tela , avanzan apoyando ésta sobre la superficie
inferior y lisa del prensa-telas, haciendo avanzar también a ésta
en una longitud conveniente. Esto constituye el segundo tiempo, dando
lugar al tercero el movimiento de descenso de los dientes, que sueltan
la tela y retroceden en un cuarto tiempo para volver a su posición
primitiva, repitiéndose el mismo ciclo a cada puntada. Introduciendo
Wilson este dispositivo, hizo que el movimiento del material no sólo
fuese automático, sino también que la longitud de la puntada
fuese rigurosamente exacta . |
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El trabajo necesario para coser se
facilitó muchísimo, no precisando otro cuidado que
el de guiar la labor. De aquí, el que ganase pronto popularidad
la máquina en que Wilson introdujo esta mejora.
En 1851, William O. Grover, sastre
en Boston, patentó una disposición para coser con
doble cadeneta, que sirvió de base para la construcción
de máquinas conocidas con el nombre de Grover y Baker. También
en 1865, Jaime A. E. Gibbs, labrador en Virginia, ideó un
mecanismo para coser en cadeneta con un solo hilo, lo que caracteriza
a las máquinas Gibbs y Baker, mejoradas después por
Willcox y, conocidas por WilIcox y Gibbs. |
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La máquina
de Grover & Baker |
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Todavía , y a pesar de la
actividad de todos estos inventores, entre los años 1830
Y 1851, la máquina de coser no había alcanzado el
favor completo del público. Siendo esto debido a la cantidad
de invenciones imperfectas que aparecieron en el mercado, y que
dieron tan mal resultado que levantaron una arraigada sospecha contra
los aparatos mecánicos de coser.intención de engañar.
Este prejuicio, tan largo tiempo
extendido, no podía desaparecer fácilmente, necesitándose
muchos años de esfuerzos constantes de los fabricantes para
convencer al público escéptico, cada vez que pretendían
demostrar que cada modelo perfeccionado, no era otra nueva máquina
lanzada al fracaso, y que no existía ninguna intención
de engañar.
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